martes, 21 de octubre de 2014

EL CRIMEN

Todo mi esfuerzo había valido la pena. Estaba fuera de todo ese pasado que me aterrorizaba. 
Estaba nevando y conducía hacia mi casa. Pensaba en lo que acababa de hacer. Si sale como lo pienso, nadie se va a dar cuenta de lo que hice. Me daba risa pensarlo y me hacía sentir orgullosa.
Llegué a mi casa y mis padres estaban desayunando, actué normal, desayuné y me encerré en mi habitación. Les dije a mis padres que iba a descansar, cuando la verdad es que iba a empacar.

Después de dos horas de encierro, salí para despedir a mis padres que se iban a trabajar; luego de ver que se fueran, saqué mis cosas, bolsos y valijas y tomé un taxi hacia el olvido, estaba dejando todo atrás.   

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