jueves, 23 de octubre de 2014

OFRENDA SATÁNICA.

Eran las 8.15 a.m. y abríamos los ojos como de costumbre. Luego de prepararnos, nos dirigimos a la sala principal para recibir a un nuevo aprendiz en el cuartel. Era el sobrino del general Cortez, pero no tenían nada en común; piel pálida, cuerpo muy delgado, el rostro cansado y triste. Realizaba sus labores sin decir una palabra y cumplía órdenes sin ningún reproche.
Esa primera noche, descubrí que el muchacho era sonámbulo y se lo comenté a mis compañeros. Cada día que pasaba, hacía más visible que él no era como los demás; ataques de ira y llantos sin razón, comenzaron a asustarnos.
Una noche, mientras el resto dormía profundamente, lo perseguí luego de que se levantó exaltado de su cama, pero con la oscuridad que inundaba el largo pasillo, le perdí el rastro a los pocos segundos. Continué caminando y a la tercera habitación me detuve de repente:
-Les dije, presa fácil.
-Pero, ¿a su propio sobrino?
-Nunca fuimos unidos, de hecho, me pareció perfecto, piensen… un chico callado con comportamientos raros y nadie sospecharía que el culpable pudiera ser de la misma sangre.
-Bien, entonces preparen todo, ya está listo para entregarlo al señor.

Nunca le conté esto a nadie; al día siguiente me retiré del ejército sin dar explicación. Admito que aún me siento culpable al dejar a mis amigos sin decirles nada, me aflige pensar que cualquiera de ellos puede ser el siguiente.

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