Mi mejor amigo siempre decía que era muy
pequeña para viajar en colectivo sola, pero para mí era algo muy común, nunca
estaban mis padres en casa y no podían encargarse de mí. Era muy raro, y pocas
veces sucedía que me llevaban al colegio o a cualquier otro lugar. Tenían mucho
trabajo y no les sobraba tiempo para acompañarme. Suerte que soy hija única,
sino sería un caos tener que cuidar a alguien más que a mí.
Pasé la
mayoría de mi infancia en casa de mis tíos, ellos tenían dos hijos con quienes
siempre jugaba, eran como mis hermanos mayores. Me encantaba estar ahí, me
recibían muy bien y siempre compraban helado de frutilla, mi sabor de postre favorito.
Hace muchos
años que no los veo, después de aquella discusión que tuvieron con mis padres
no los volví a ver más. No recuerdo la razón de esa horrible situación, pero
desde ese día nada fue igual. Hice varios intentos inútiles para saber que
ocurría, pero todos fallaron. También traté de ir a su casa, pero mis padres
siempre me lo impedían.
Ya dejé de
intentarlo, crecí sola y aprendí a cuidarme. Mis padres aún siguen con su
trabajo, llegan a casa solo para dormir. Al principio me molestaba un poco pero
ya no, a esta edad llegue a acostumbrarme.
Hoy es Lunes
y como siempre me toca lavar los pisos, tengo todo organizado en una lista, los
lunes lavar pisos, los martes lavar la ropa y planchar, los miércoles limpiar
mi habitación (que pocas veces está sucia) y los jueves asear el baño. Puse
música para no aburrirme, busqué lo que necesitaba y comencé a fregar. Limpié casi
toda la casa, menos la habitación de mis padres, nunca podía entrar ahí, estaba
prohibido para mí. Siempre me dio curiosidad saber que habría allí que no
estaba permitido mi acceso, pero como habían dicho mis padres una y otra vez,
hay que respetar la privacidad del otro, así que nunca intenté entrar y
husmear, aún cuando estaba la mayoría del tiempo sola.
Se hizo la
una de la tarde y ya tendría que estar en el colegio, así que salí
inmediatamente y me dirigí a la parada de colectivo. Luego de 5 minutos de
espera llegó el transporte y me subí. Me gustaba estar ahí, veía mucha gente
pasar, a veces las mismas personas que seguramente iban a trabajar o a
estudiar. Era algo acogedor tener a
tanta gente alrededor mío. A muchos les molestaría, pero a mí no, siempre fui
muy positiva y diferente a los demás. Llegué a mi colegio y la preceptora
estaba en la entrada, la saludé y caminé directo a mi salón. Nunca me regañaba
ni decía nada, sabía que parte del tiempo estaba sola y que mis padres
trabajaban durante todo el día, mis profesores también estaban al tanto de mí
situación, así que no se hacían problema si llegaba un poco tarde, ellos decían
que me entendían.
Entré y mi
mejor amigo me había guardado un asiento junto a él, siempre fuimos muy unidos.
Desde la primaria estamos juntos, recuerdo el día en que lo conocí, era un
miércoles y teníamos que hacer un trabajo de a dos y me tocó hacerlo con él.
Luego de ese día empezamos a ser amigos. Siempre fue medio distraído, así que
yo lo ayudaba con las tareas y le recordaba los días de prueba. Así comenzó
hasta que terminamos contándonos todo lo que nos sucedía y le confié mis más
grandes secretos, que no eran muchos y a esta edad no los recuerdo, tal vez él
tampoco. Éramos demasiado chicos y lo único que sé es que en ese entonces aún
estaba con mis tíos.
Luego de que
la clase haya terminado y de haber charlado un rato con él, me despedí y volví
a casa en cole, como de costumbre.
Bajé a la
parada y caminé hacia mi casa, decidí tomar el camino más largo, no tenía
ningún apuro, la profesora de matemática y la de lengua no habían dado ninguna
tarea. A dos cuadras de mi casa pude observar a unos chicos de aproximadamente
18 años jugando con una pelota, así que decidí ir por el otro lado de la
cuadra. No es que crea que sean malos, sino que a veces no me gusta pasar por
al lado de un grupo grande de chicos, ya que la mayoría siempre hacía algún
comentario fuera de lugar y me ponían incomoda. Aunque solo eran palabras, por
suerte nunca nadie me hizo nada.
Abrí la
puerta y fui directo a mi habitación, dejé mis cosas a un costado y me acosté en
la cama. Últimamente, aunque no quiera, muchas situaciones de cuando era chica
pasaban por mi mente. Trato de no pensar mucho. Hasta ahora solo logro ver pequeños recuerdos
sueltos, mis padres saludándome, mis tíos jugando conmigo, mis primos
obligándome a hacer quien sabe qué, pero no logro entender nada.
Raramente me
dormí. Ya amaneció y tengo que lavar la ropa. Recogí cada prenda que estaba en
mi pieza y me dirigí al lavadero, al pasar por el cuarto de mis padres, creí
que sería mejor lavarles la ropa a ellos también, ya que de seguro llegarían
tarde y no habrían tenido la oportunidad de lavarla ellos mismos. La idea de
entrar me asustaba un poco, no quería que se dieran cuenta pero debía entrar
para terminar la limpieza de hoy. Me
paré frente a la puerta y quedé mirándola fijamente durante unos pocos segundos
hasta que me decidí por entrar. Abrí y observé un gran desorden, había papeles
por donde se pueda ver, ropa a montones
y una improvisada pizarra a un lado de la cama. Tomé la ropa rápidamente
y me fui, no me gustaba sentir esa sensación de saber que estoy haciendo algo
que no está bien. Lavé todo y fui al colegio.
Llegué a la
institución, y entré al salón. Saqué mi carpeta pero no logré enfocarme en las
materias, seguía pensando en lo que había ocurrido y que debía poner a secar la
ropa y guardarla antes de que mis padres se dieran cuenta.
Después de
clases, iba caminando a mi casa y sorpresivamente me encontré con uno de mis
primos, no lo había reconocido pero él a mí sí, me abrazó fuertemente y me dijo
que me extrañaba mucho. Yo solo le
sonreí, me sentía rara estando al lado de él, como si algo además de la pelea
de nuestros padres había pasado, algo que aún no sé pero espero saber. Me quiso
acompañar hasta mi casa pero le dije que no hacía falta, así que nos despedimos
y se fue. Años antes había imaginado nuestro reencuentro y no era nada parecido
a esto, no sé qué me ocurrió.
Llegué a
casa y colgué la ropa para que se seque. Pasé por al lado de la habitación de
mis padres y la curiosidad me carcomía la cabeza, no dejaba de pensar en que
más habría allí dentro y el por qué me sentía así con mi primo, si yo lo quería
muchísimo y extrañaba hasta este entonces. No sé cómo fue, pero en menos de un
minuto ya estaba dentro de su cuarto, buscaba respuestas y tal vez allí las
encontraría. Luego de revolver un poco su armario encontré unas fotos de mí de
pequeña, que por cierto, no sabía que me habían sacado, pero solo alcance a ver
una completamente. Sentí que golpearon
la puerta, así que dejé todo y me fui de ahí. No era nadie, era solo producto
de mi imaginación, creo que no tendría que haber entrado.
Ya se hizo
de noche y como ayer, sigo pensando en por qué no me acuerdo de esas fotos, no
entiendo nada. Antes todo parecía tan simple, tenía las ideas claras, y desde
ayer sólo tengo ideas rotas y esparcidas en un mar de preguntas.
Dormí
pensando en aquello sucedido, pero ya desperté, es un nuevo día y una nueva
oportunidad para entrar al cuarto otra vez. Fui decidida a buscar las fotos y
no estaban, no las encontré por ningún lado. Justo antes de irme, vi una caja
debajo de la cama y la saqué. Abrí la tapa y salió un extraño olor, había ropa
mía de cuando era chica, fotos mías con mis primos, y un sobre: allí habían más
fotos (no sabía que teníamos cámara), había una habitación con pedazos de
globos rojos y en el fondo aparecía yo con mi rostro pálido, como si estuviera
asustada, como si algo me estuviera atemorizando pero, ¿cómo podría estar yo
ahí y no recordarlo? Seguí viendo las fotos y todas eran parecidas, en todas estaba yo,
llorando, con la cara roja y peor. En ese instante momentos horribles pasaron
por mi mente y recordé, recordé lo que me habían hecho, lo que nos habían
hecho. Ya entiendo todo, no necesito más nada que saber. Mañana iré a ver a mis
tíos.