Era una tarde soleada del 29 de mayo de 1840 en Moscú. La familia Ohinfeev se encontraba descansando cuando de repente se encuentran con un desconocido y empiezan a hablar. El hombre le comenta a la familia que tenía que saldar una deuda, la familia piensa que era un loco que se había escapado del psiquiátrico. En realidad así había sido, el hombre no aguantaba más estar en aquel encierro, por eso decidió escaparse de ese lugar.
Al día siguiente la familia comenzó su rutina, como siempre; desayunar, bañarse, el padre a trabajar, la madre ocupada en las cosas de su casa y en preparar a los chicos para la escuela. Llegada la hora, salen afuera y los estaba esperando el autobús; al subir, observan la cara del chofer y les parece conocida.
Luego
de varios minutos conduciendo, los chicos se preguntaban hacia donde iban,
quizás el nuevo chofer no conocía el camino. El hombre, callado y serio, seguía
conduciendo. Los alumnos fastidiados por el viaje empezaron a arrojase bolas de
papel entre ellos. El rostro del chofer se transformó; recordó su infancia y
empezó a conducir furiosamente hacia el puerto y se arrojó junto con los niños
al mar.
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