domingo, 23 de noviembre de 2014

Visita nocturna

Siempre fui de sueño ligero. Son las doce de la noche cuando escucho un zumbido muy potente. ¿Por qué me suena tan familiar? “Eso” afuera de mi habitación se va acercando, creo que está entrando… ¡Dios!

Me despierto tranquilo con una sensación de mareos; esto se está volviendo algo recurrente, “tendré que ver algún médico”, pienso.

Volví del médico no de muy buen humor; me dijeron que los rayos y la ecografía abdominal se veían  extraños y que  no entendían que me sucedía. Mi vecino se detuvo y mencionó haber escuchado gritos ayer a la noche. Lo relacioné con mis mareos, quizá tenga algún tipo de sonambulismo extraño.


Se me ha ocurrido dejar una grabadora de video para ver lo que sucedía, me fui a dormir. Luego todo es confuso. Por la mañana, la cinta está rota, el video se convirtió en estática y se escucha una voz gritona diciendo: “¡Es un niño! ¡Es un niño!”,  repetidamente, la voz cada vez más grave y lejana.

La desilusión

Un grupo de amigos sale un sábado por la noche para festejar un suceso importante. Es un grupo muy unido pero dos de ellos tenían más química que los demás. Niegan los rumores que se escuchan, aunque  es obvio que saben algo que los otros no.

La noche podría haber sido perfecta para los dos, pero los rumores hacen que se distancien y ni siquiera quieran mirarse.

Finalizada la noche el grupo de amigos se marcha y sólo quedan Fabio y Nerina que se fueron caminando porque viven muy cerca de allí. El trayecto a sus casas fue incómodo como nunca, Fabio dejó a Nerina en la puerta de su casa y antes de saludarla abrió la puerta su papá; para él era como su segundo papá. Le agradeció a Fabio que haya acompañado a su hija hasta allí y lo despidió un poco cortante.

Fabio se va desilusionado, pensando en cosas que habían pasado esa noche. Mientras tanto a Nerina le llega  una sensación de ausencia… algo le hace falta, se pone triste, su papá le pregunta qué le pasa y ella , sin ganas, le dice que sólo está cansada.


Al día siguiente Nerina se levanta decidida a ir a la casa de Fabio. Cuando la atiende su madre, le dice que pase a su pieza. Siente un golpe en el pecho, la peor visión: se encuentra con Fabio y su prima, Melisa, besándose. Ella desilusionada y enojada comienza a gritarle a Fabio. Pasaron algunos eternos minutos, hasta que Nerina logra calmarse para poder hablar bien con los dos. Fabio está nervioso porque no sabe qué hacer, entonces decide que va a seguir sus sentimientos...

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Encerrado

  El está encerrado. Ya no recuerda su nombre, ya no recuerda la razón, ya no tiene sentimientos, solo trabaja.
   Las apariencias engañan. Antes creyó encontrar una buena oportunidad, que tenía suerte, que aquella mujer era buena gente.
   Aceptó una propuesta de trabajo que resultó ser una trampa. No es un empleado, sino un esclavo. Las horas de trabajo eran interminables, le fueron privando de su libertad lentamente, que para cuando se dio cuenta ya era tarde.
   ¿Por qué? Esa pregunta se la hacía día y noche... ¿Por qué?
    Muchas veces soñaba con que nunca conoció esa mujer, nunca aceptó el trabajo, y al despertar choca con la realidad.  Se sentía estúpido, el arrepentimiento invadió su mente, llenándolo de tristeza el no poder deshacer su error.
   Si no trabajaba no le darían comida y sería castigado. No era el único encerrado en esa fábrica, veía lo que le pasaba a los demás. Tenía miedo.
   Se concentró en trabajar y hacer caso para no tener problemas. Dormía pocas horas, la comida no era buena y su cuerpo se deterioraba lentamente. Estaba sucio y cansado con las manos dañadas.
   Lo único que le permitían hacer es trabajar. Perdió too, di lo liberaban ya no recordaría como vivir la vida.
   Una especie de gripe se expandió entre los trabajadores, algunos murieron pero no se les permitía parar. Todos se vieron afectados, incluso él
    Notó como se llevaban a sus compañeros día a día sin saber por qué. Se convirtió en su único pensamiento, ¿qué les pasaba? Tal vez los mataban, o los llevaban al hospital, o incluso puede que los liberaran...
    Pronto su duda sería confirmada. Dos hombres lo interrumpieron mientras trabajaba y lo escoltaron hacia la puerta de acero que creía sellada.Al ser abierta lo cegó la luz del sol, que no tenía ni idea cuando fue la última vez que la vio. El aire frío azotó su cara y estremeció sus pulmones.
    No tuvo tiempo de observar su alrededor cuando una bolsa fue colocada en su cabeza ¿Era su fin? ¿Lo matarían? Ya no le importaba lo que le pase, tal vez sería algo bueno morir.
   Le hicieron caminar por un terreno irregular, y después subir a una camioneta. Su cuerpo estaba invadido por el terror de no saber que le pasaría. Tal vez lo vendían para trabajar en un lugar peor.Ya no deseaba saber el destino de los otros trabajadores.
   Lo lanzaron a otra cosa, fría y de metal. Escuchó un motor y el movimiento. Era un camión, y no estaba solo. E camión estaba lleno de personas.
   Deseaba con todo su alma que la gripe lo mate, no llegar a donde sea que los llevan. Pero esa enfermedad le hacia sentirse muerto sin estarlo.
   Luego de muchísimas horas, el motor se detuvo y la puerta se abrió. Mientras bajaba perdí toda esperanza. Lo dejaron de escoltar a medio camino y escuchó los pasos de gente corriendo, no entendía lo que pasaba, hasta que escuchó una sirena y una fuerte luz intermitente traspasó la bolsa en su cara.
   Habían gritos y disparos, no sabía que hacer y se tiró al suelo. Nunca estuvo tan asustado en su vida. De pronto alguien lo levantó y lo arrastró de donde estaba. -No te preocupes- decía -todo va a estar bien.- No podía saber con seguridad si estaba siendo rescatado hasta que alguien le destapó la cara y pudo observar a su alrededor. La pelea no terminó, pero él estaba del lado de la policía sin saber qué sentir. Lo estaban rescatando y no sabía qué sentir.
   El veía como los policías disparaban mientras otros trataban de sacar a los inocentes del medio. Vio entre los atacantes el rostro de aquella mujer, apuntando con el arma. Su cuerpo se invadió de miedo y empezó a correr. No volvería, no se arriesgaría a que lo atrapen. Y no lo lograrían, una bala perdida atravesó su corazón y su cuerpo se puso frío. Todo era tranquilo ahora. Respiró lentamente mientras caía al suelo. Una lágrima resbaló de su rostro y antes de morir sonrió. Era libre.
L.N