Salgo del
vestuario, concentrado, sé que tengo que dar un buen partido, una mala jugada
puede echar a perder todo.
Mis
compañeros y yo estamos listos, ésta final la ganamos, el campeonato es
nuestro. La victoria se la voy a dedicar a ella, está ahí, mirándome como en
cada partido, hoy le digo todo lo que me pasa, es mi día, me siento optimista.
Empezó el
juego y vamos bien, estamos jugando como queremos. Llegaron los diez minutos
finales y el equipo contrario acaba de empatarnos, se nos está complicando, no
agarramos una.
Hasta que
llegó el milagro, la tiene el número nueve de mi club, me la pasa, la tengo en
mis manos, queda un minuto y sé que puedo, pero miro a mi izquierda con un
veloz movimiento y la veo, lo veo, los veo, me veo. Lo perdí todo.
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