domingo, 14 de septiembre de 2014

UNA VEZ EN LA CABEZA, NO HAY VUELTA ATRÁS


Era cambio de estación invierno-primavera, por esas casualidades de la vida amaba la primavera , y espera todos los años para salir esa misma noche a caminar , pero este año fue distinto a todos , no salí a caminar esa noche, me encontraba desolada al frente del espejo , deprimida por la imagen que se reflejaba , si , esa era yo, la chica que jamás pero jamás le había importado su imagen corporal o como se veía , a pesar de que en la escuela me trataban de “gorda”, ”vaca”, “tanque de guerra” entre otras cosas, nunca le había prestado atención. 

En fin, esa noche me vi al espejo detalladamente y ahí fue cuando vi lo que todos veían, me invadió la tristeza, estaba en shock. Un nudo en la garganta, no podía llorar, no emitía palabra alguna, pasé la noche entera encerrada en mi pieza. Al día siguiente, me dirigí al baño, busqué la balanza y me pesé: la balanza marcaba 78 kilos.

Ya pasaron seis meses desde aquella noche es la que me di cuenta de todo, ahora me encuentro en la escuela, con frío mucho frío, mi mejor amiga dice que parezco muerta, llena de ojeras, sin ganas de vivir, un saco de huesos…Uff puras mentiras, ya me cansé de las mentiras, todo el mundo dice lo mismo y no es verdad o por lo menos mi mente se convence de que no. 

Me quiero levantar porque ya tengo que salir a mi segunda clase y de repente me siento sin fuerzas, de un segundo para otro me encuentro en el piso, no entiendo lo que pasa, trato de levantarme y no puedo; ¡NO TENGO FUERZAS!. Mi amiga aterrorizada, sin pensar llama al preceptor, me acercan a una silla, yo apenas puedo mantenerme derecha.  El preceptor me dice “vamos a llamar a un médico” y yo solo asiento con la cabeza.


Pasó el tiempo y me desperté en una camilla con suero, sentía mis huesos recostados en la cama, escuchaba llorar a alguien; era mi madre. No podía mover la cabeza para ver qué pasaba, pero hablaba con el médico. Ella se acercó a mí y me dijo “Te amo hija”, ya vas a salir de esto y yo pensaba nomás ¿Por qué lo dirá?; solamente apreté su mano fuertemente y la miré con dulzura, antes de volver a cerrar los ojos. Nunca volví a abrirlos, fue el último día que vi a mi madre.

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