Era cambio de estación invierno-primavera, por
esas casualidades de la vida amaba la primavera , y espera todos los años para
salir esa misma noche a caminar , pero este año fue distinto a todos , no salí
a caminar esa noche, me encontraba desolada al frente del espejo , deprimida
por la imagen que se reflejaba , si , esa era yo, la chica que jamás pero jamás
le había importado su imagen corporal o como se veía , a pesar de que en la
escuela me trataban de “gorda”, ”vaca”, “tanque de guerra” entre otras cosas,
nunca le había prestado atención.
En fin, esa noche me vi al espejo
detalladamente y ahí fue cuando vi lo que todos veían, me invadió la tristeza,
estaba en shock. Un nudo en la garganta, no podía llorar, no emitía palabra
alguna, pasé la noche entera encerrada en mi pieza. Al día siguiente, me dirigí
al baño, busqué la balanza y me pesé: la balanza marcaba 78 kilos.
Ya pasaron seis meses desde aquella noche es la
que me di cuenta de todo, ahora me encuentro en la escuela, con frío mucho frío,
mi mejor amiga dice que parezco muerta, llena de ojeras, sin ganas de vivir, un
saco de huesos…Uff puras mentiras, ya me cansé de las mentiras, todo el mundo
dice lo mismo y no es verdad o por lo menos mi mente se convence de que no.
Me quiero
levantar porque ya tengo que salir a mi segunda clase y de repente me siento
sin fuerzas, de un segundo para otro me encuentro en el piso, no entiendo lo
que pasa, trato de levantarme y no puedo; ¡NO TENGO FUERZAS!. Mi amiga
aterrorizada, sin pensar llama al preceptor, me acercan a una silla, yo apenas
puedo mantenerme derecha. El preceptor
me dice “vamos a llamar a un médico” y yo solo asiento con la cabeza.
Pasó el tiempo y me desperté en una camilla con
suero, sentía mis huesos recostados en la cama, escuchaba llorar a alguien; era
mi madre. No podía mover la cabeza para ver qué pasaba, pero hablaba con el médico.
Ella se acercó a mí y me dijo “Te amo hija”, ya vas a salir de esto y yo pensaba
nomás ¿Por qué lo dirá?; solamente apreté su mano fuertemente y la miré con
dulzura, antes de volver a cerrar los ojos. Nunca volví a abrirlos, fue el
último día que vi a mi madre.
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