Se acercaba
la fecha del partido y los hinchas del equipo visitante se tenían que tomar el
vuelo para ir a la cancha del equipo local. Cuando llegaron se dieron cuenta
que el partido se había suspendido. Entonces decidieron quedarse un par de días
en Rosario donde se jugaba supuestamente el partido. Ellos no se esperaban lo
que iba a ocurrir. Mientras tanto el equipo local pensaba en que los podían
perjudicar. Luego de varios días pensando, se les ocurrió una brillante idea:
pensaron que les podían meter droga en la maleta para que los detecten y así
vayan presos, pero para eso se debían ganar su confianza. Entonces un mediador
consiguió el número de teléfono de la
barra platense y los llamaron. Luego de varias horas hablando, lograron llegar
a un acuerdo, que consistía en juntarse los líderes de cada barra en el hotel
del visitante.
Luego de
varias horas charlando, bebiendo y comentando revistas de fútbol, el hincha local
logró que el visitante platense se emborrachara. En ese momento aprovechó para
ponerle 2 kg de marihuana en el bolso sin que se enterara y al instante se
marchó, alegando estar descompuesto por efectos del alcohol. Solo restaba
esperar que se tomen el vuelo hacia La Plata.
Pasaron un
par de días y llegó el momento de la despedida, se juntaron de vuelta los dos
barrabravas y se despidieron como si se conocieran de toda la vida. Llegó el
momento del chequeo en el aeropuerto, el barrabrava rosarino esperaba
ansioso como jugador de fútbol antes de
entrar a un partido. Se acercó un policía con un perro más peligroso que
cirujano con hipo, lo olfateó y enseguida se dio cuenta que portaba droga. El
policía abrió el bolso y encontró la droga. Rápidamente lo detuvieron, el
barrabrava rosarino volvió con sus amigos y lo festejaron como un gol de media
cancha. El plan no solo les dio resultado, sino que, como frutilla del postre,
al día siguiente los rosarinos ganaron 2-0 contra el equipo del barrabrava
preso. Doble festejo.
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