Hacia el año 2005 ya habían pasado cinco años desde la muerte de María,
mi esposa. Ella había sido todo para mí, la había amado muchísimo. Cada vez que
pensaba en ella, recordaba lo horrible que había sido estar en ese hospital, en
especial la zona en donde se encontraban las personas con cáncer;
lamentablemente, mi mujer se encontraba allí, ya que tenía cáncer terminal.
Además siempre que la recordaba, me sentía cada vez más solo; todo lo que hacía
me la recordaba y se me hacía inevitable pensar en ella. Recuerdo que mis
amigos siempre trataban de animarme; salíamos todos juntos: al cine, a comer,
al gimnasio, etc. Hasta que mi amigo Silvio llevó a su amigo Enrique a una de
nuestras salidas, él era muy simpático y gracioso, siempre nos hacía reír con
las tonterías que decía.
Pasada una semana arreglamos en que nos juntaríamos en casa de
Silvio a comer un asado, y que para mi sorpresa Enrique asistió. Recuerdo que
me miraba de una forma extraña pero que a la vez me gustaba. Los días pasaban y
cada vez que lo veía me sentía raro, como si tuviera mariposas en el estómago;
la verdad es que lo que sentía eran cosas que nunca me había pasado (excepto
con María) y menos con un hombre. No podía dejar de observarlo, algo me gustaba
de él y no podía descubrir qué, exactamente; quizás sus ojos tan aguados y
hermosos del color del cielo o quizás su cabello dorado perfecto. Estar con él
hacía que las huellas que dejó María en mi corazón desaparecieran y al escuchar
su nombre me alegraba por completo.
Recuerdo que Enrique nos había invitado a comer; pero ninguno de
los chicos podía y yo sí. Así que decidimos ir él y yo. La situación de salir
solo con él me ponía muy nervioso; la noche se acercaba y aún dudaba en qué
ropa me pondría, quería impresionarlo.
La noche había llegado y estaba realmente nervioso. Cuando llegué
al restaurante lo vi, sentado y muy bonito. Lo saludé y tomé asiento.
Recuerdo que esa había sido la primera vez que no nos juntábamos
todos juntos. "Por fin solos" pensé. Él me miraba muy fijamente y yo
a él, tenía unos ojos bellísimos; no podía dejar de observarlos, realmente me
gustaba. Esa se convirtió en la mejor noche de mi vida, ya que él me declaró
su amor y yo le correspondí, obviamente.
Al principio tuvimos miedo, no estábamos seguros si contarles o no a
nuestros amigos, temíamos que no nos vuelvan a hablar. Así que mantuvimos
nuestra relación en secreto, pero el secreto no duró mucho. "Lo notamos
desde un principio, se miraban de forma extraña y cariñosa a la vez", nos
dijeron. Ellos estaban felices con nuestra relación, y eso nos alegró mucho a
Enrique y a mí.
Desde entonces no nos separamos nunca en la vida. Hoy en día estamos
felizmente casados, tenemos 80 años y nos conocemos desde los treinta. Es decir
que estamos juntos desde hace 50 años. Ambos estamos muy viejos y cansados,
tuvimos una linda historia juntos y me alegra saber que estaré con él absolutamente
todo el poco tiempo que me queda de vida.
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